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22 de abril de 2016

Aquellos objetos memorables del coche


Personalizar el coche siempre ha sido una de las costumbres más arraigadas entre sus propietarios. Darle “ese toque nuestro” es lo que nos distingue del resto de vehículos.

Hace tiempo, cuando no se conocía el “tuning”, diversos “complementos” (hoy en día míticos objetos) ayudaban a personalizar los coches según el gusto del propietario o la moda en cuestión.

A continuación vamos a recordar algunos objetos memorables, empezando por los más lejanos:

  • El perro que cabecea: Todos recordamos este entrañable muñeco, que nos acompañó con el movimiento de su cabeza, al acelerar o frenar entre semáforos.
  • El San Cristóbal: Patrón de los automovilistas. Todo salpicadero que se preciara, tenía una imagen del santo para que cuidara del conductor por la carretera.
  • Papá, no corras: Clásico entre los clásicos. Un portarretratos familiar incluía esta frase suplicatoria, para que el progenitor fuera prudente.
  • La imagen de la Virgen María en material reflectante. Acompañando al Santo o en solitario y casi siempre junto con el lema “Yo conduzco, Ella me guía”.
  • El ventilador y el termómetro. En otros tiempos, todo el acondicionamiento del vehículo consistía en un ventilador externo (enchufado al hueco del encendedor), al que también solía acompañar un termómetro, por supuesto analógico. 
  • Los pomos del cambio de metacrilato transparente, con insignias, conchas o caracolas de mar, que normalmente eran un recuerdo, de unas vacaciones en alguna playa española.
  • Los cojines. Se llevaban habitualmente en la bandeja trasera del vehículo y dieron rienda suelta a la creatividad de los automovilistas, firmemente apoyada por el bien hacer al punto o al ganchillo de las madres y abuelas, que conseguían unos acabados impecables. Normalmente se veían acompañadas de la imprescindible caja de “Kleenex”, que a veces también era “customizada”.
  • Dos clásicos del embellecimiento del coche eran el cubrevolantes, cuyo original más preciado era el acabado en piel de tigre o leopardo; y el respaldo de bolas, que tantas espaldas de conductores alivió.
  • El enganche del espejo retrovisor y el salpicadero, son los lugares preferidos, para colocar aquello que más nos gusta destacar. Toda clase de muñecos, entre los que destacan los “Elvis”, el incombustible ambientador de pino y sus mil y una derivadas, los dados gigantes, los mini-guantes de boxeo, la hawaiana que baila hula-hula y la pata de conejo, han embellecido el frente de nuestros vehículos, dotándolos de personalidad.

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